Dos años después, se repite la final de 2008 en la que Boston venció a Los Angeles por 4 a 2, dando una clase de básquetbol a su rival. A grandes rasgos, las claves de aquella final fueron las siguientes: aislar a Kobe Bryant tratando que sus compañeros tengan que asumir responsabilidades, fuerte defensa al borde de la falta, sobre todo en el juego interior, y ofensiva con predominio del pick and roll en el eje de cancha, con Paul Pierce como actor principal (fue el MVP de aquella serie).
Algunas cosas han cambiado desde aquel logro de los Celtics: por el lado de los Lakers, su estrella ha brillado como nunca antes, acercándose sin prisa pero sin pausa a su majestad Michael Jordan. Lo de Kobe en esta postemporada ha sido sublime, tanto anotando como habilitando al jugador libre. Además, Lamar Odom y Pau Gasol asumieron ya el año pasado un papel más preponderante en el ataque angelino, más que nada el español. Y por si fuera poco, tienen en Ron Artest un defensor de primer nivel, que empleará todas sus artimañas para sacar que quicio a Paul Pierce.
En cuanto a Boston, el paso del tiempo parecía haber hecho mella en su trío estelar (Pierce-Allen-Garnett) pero los playoffs les devolvió la juventud perdida, convirtiendo a los favoritos Cleveland y Orlando en meros sparrings para llegar afilados a la final. Si lo comparamos con el equipo de 2008, se ve un mayor protagonismo de Rajon Rondo pero no hay mayores reformas. Su caballito de batalla sigue siendo su defensa, la mejor de toda la liga, que ahora tendrá que refrendar sus pergaminos justamente frente al mejor jugador de la NBA.
Si los Lakers quieren tomarse revancha, Kobe Bryant deberá contar con la compañía que no tuvo aquella vez y tendrá que darse cuenta que un anillo no se gana en solitario, mientras que las chances de Boston se incrementarán si su defensa funciona como hace dos años o, yendo más acá, como lo ha hecho en toda la postemporada (ante cualquier duda consultarle a un tal LeBron James). El 24 de púrpura y amarillo es la clave, señores. No es simplismo, es la realidad.
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