Entrevista a Rubén Magnano
 
 

“Desgraciadamente, en la Liga Nacional hemos retrocedido en organización, en infraestructura y en comunicación”

Rubén Magnano es el primer entrevistado de esta página. Las razones son varias: fue el entrenador de la Selección que ganó el oro olímpico en Atenas 2004, condujo al equipo más brillante de la historia de la Liga, el Atenas bicampeón en 1998 y 1999, y en su retorno a nuestro país ya se alzó con la Copa Argentina. Como no podía ser de otra manera, la charla se inicia con este presente, que vuelve a ubicar al griego cordobés en boca de todos.

¿Cómo se dio su retorno a Atenas?

Mi regreso al básquetbol nacional se debe fundamentalmente a la no concreción de alguna posibilidad que tenía en Europa, acrecentada indudablemente con el apetito de la gente de Atenas de hacer una cosa desafiante esta temporada, a ver si se podía recuperar un poco la credibilidad histórica del equipo en la ciudad y en la provincia de Córdoba.  De eso se trató, de eso se trata. Por fortuna hoy creo que hemos correspondido sustancialmente a las expectativas creadas. Hasta ahora hemos hecho una campaña bastante importante y esta propuesta de Atenas, sumada a esta imposibilidad de quedarme en Europa me ayudó a tener más clara la decisión. El hecho de que sea en Córdoba, nuevamente junto a mi familia, también ayudó en la toma de decisión. La conformación de un equipo dispuesto a luchar por el título es otra de las variables que yo requería como entrenador, así que hoy estamos pasando este momento, bien, contentos, felices y esperando la parte final de la Liga.

Hoy por hoy Atenas, Peñarol y Libertad son los tres máximos candidatos. ¿También lo ve así o puede haber otro equipo que pueda pelearles el título?

En la historia de los playoffs hay cantidad de ejemplos que demuestran que al inicio de temporada hay una cantidad de nombres propios que están por encima de otros y sin embargo a veces no resulta ser así. Esta temporada empezó con una cantidad de equipos que teóricamente tendrían que estar por encima de otros y hoy la realidad es otra. Si bien faltan algunas fechas todavía, por lo que ha demostrado la Liga con un alto porcentaje de juegos vemos que la realidad es otra. Los equipos que nombraste, más algún otro potencial, más allá de la posición que ocupan hoy creo que pueden estar en la lucha de esto, porque tienen personal, porque tienen jerarquía, porque tienen, pese a la poca historia en la Liga Nacional, ya algo ganado que los hacen rivales de fuste. Así que ese tiempo de playoffs no te permite descuido y hay que respetar a los rivales más allá del nombre que tengan. La Liga está muy pareja, entonces eso te permite observar que el torneo puede estar para cualquiera.

¿Qué cambios notó con respecto a la última vez que dirigió la Liga y con respecto a Europa en lo referido a organización, arbitrajes, etc.?

Yo creo que desgraciadamente hemos retrocedido en organización, en infraestructura, en comunicación, pero de nada sirve callar este tipo de cosas porque un equipo que viaja 16/17 horas en un ómnibus y tiene que jugar con menos de 24 horas creo que es una aberración ya que afecta al producto. Hay cosas que hay que tratar de solucionar para que el producto siga siendo bueno, vendible, creíble. Del tema del arbitraje ni me voy a detener a hablar porque he tenido una serie de inconvenientes esta temporada después de tantos años en la Liga y en Europa, donde no tuve inconvenientes y vengo acá y tengo problemas, así que no lo quiero tocar. No voy a gastar energía en eso. Hay responsables para eso y espero que se hagan cargo lo más rápido posible porque creo que son los encargados de impartir…justicia, bah, no se si les cabe el nombre, arbitrar más que impartir justicia.

Hoy hablaba de retomar la gloria de Atenas para pelear cosas importantes y hubo un equipo de Atenas que usted dirigió que incluyó la gran actuación en el Open Mc Donald’s, la final 4 a 0 a Boca, ¿qué recuerda de esas épocas? ¿Qué es lo que más le quedó?

Tener el gran orgullo de dirigir verdaderos ganadores en este deporte, con nombres propios: Campana, Milanesio, Osella, Oberto, Palladito y otros muchachos más, Gaby Riofrío, Bruno Lábaque, que era muy joven. Jugadores que marcaron una historia dentro de la institución y dentro del básquetbol argentino. Para mí ha sido un orgullo poderlos dirigir. Ese sería el término fundamental más allá de los títulos.

¿Qué podría contar de las otras experiencias en la Argentina, en Luz y Fuerza y en Boca? ¿Cómo fue dirigir en Argentina otro equipo que no sea Atenas?

En ese momento que me tocó ir a dirigir fuera, a Luz y Fuerza, me di cuenta realmente del apetito que despierta o despertaba Atenas en el rival. Segundo, creo que fue lo más importante para mi carrera deportiva, fue un despertar como entrenador. Tener la certeza que lo que estábamos haciendo estaba bien encaminado, porque hasta ese momento la imagen del entrenador en Atenas fundamentalmente estaba absorbida por la cantidad de luminarias que tenía el equipo. Era como que a Atenas venía cualquiera, se sentaba y lo dirigía. O sea, eso indudablemente a veces te trae aparejado, más allá de los títulos, una suerte de incertidumbre como entrenador. Entonces esta posibilidad de irme fuera de Atenas, incluso de dirigir TNA, a mí me afianzó muchísimo como entrenador; vamos a utilizar un término vulgar: “me endureció el cuero”. Y seguí un poco la línea que en el primer día de trabajo de Atenas tomé y que no abandoné nunca más, entonces esto un poco me dio la certeza de que no estaba mal encaminado. Y Boca Juniors para mí es una de las mejores instituciones que tiene el país en cuanto a organización. Me tocó una época de transición desgraciadamente, donde la dirigencia bajó ostensiblemente el budget (presupuesto) para conformar el equipo y sin embargo hicimos una campaña bastante buena, pero me queda que como organización es una de las mejores del país.

Después de pelear campeonatos y en la Selección, ¿de la etapa de Europa le queda un sabor agridulce?

En España me quedé con sabor agridulce porque fue la primera vez que me cortan como entrenador de una institución. Creo haber entendido cuáles fueron las fallas como entrenador…

¿Cuáles fueron esas fallas?

Hay que ser un experto conocedor del mercado, para no quedar en terceras manos en la contratación de jugadores. Si bien es cierto que todo tuvo mi anuencia, creo que hay que ser un experto conocedor del mercado: me animo a decir que es el 70 % de la temporada.

¿Le gustaría volver? ¿Tendría que ser a un club importante?

Me gustaría tener un desafío importante a esta altura de mi vida. No descarto la posibilidad, pero este retorno a mi casa, estar nuevamente con mis hijos, ha puesto un paño de agua fría a este apetito de irme. Si surge una posibilidad interesante se evaluaría, pero estoy tranquilo al respecto. Me quedó el sabor amargo de mi experiencia por España, en Italia creo que de menor a mayor hicimos un trabajo digno de acuerdo a la calidad de equipo que teníamos, de acuerdo al lugar dónde estábamos, que no era poca cosa y de acuerdo al budget que teníamos.

 

“La mayor virtud de la Generación Dorada
fue el grado de compromiso que hubo”

El nombre del sitio es un homenaje a los “Héroes de Atenas”. Por lo tanto, es ineludible hablar del ciclo Magnano al frente del Seleccionado Nacional.

¿A la Selección ahora cómo la ve? ¿Le gustaría volver? ¿La ve como un hincha o como alguien que estuvo adentro?

Yo traté de separar totalmente las aguas. He apoyado a la selección desde mi posición de hincha, de hombre del básquetbol, abstrayéndome un poco del hecho técnico. Porque he estado ahí se lo que es, entonces traté de disfrutarlo de esta manera. Con respecto a la posibilidad de volver, realmente hoy no ocupa un lugar en mi cabeza. Creo que todas las personas en sus actividades tienen un período de tiempo. Yo estuve muchísimo tiempo en la selección, doce años como asistente y entrenador. Creo que es mucho tiempo, pero viste como dice el refrán: “nunca digas nunca”. De pronto te pueden despertar las ansias de retornar y si está la posibilidad sería evaluable. Hoy por hoy no. Aparte está Sergio (Hernández) por dos años, así que vamos a descansar dos años con eso, no hay problema.

Ahora se dice que no hay recambio, es cierto que venimos de una generación de jugadores increíbles pero con lo que hay ¿hasta dónde se puede llegar?

Un amigo mío me decía “yo mago no soy”. Yo no soy adivino, no hago futurología, lo que respondo a este tipo de preguntas es que Argentina es campeón panamericano y sudamericano en categorías formativas, tenemos chicos en universidades, como Juan Fernández, tenemos chicos en España, diseminados por el mundo, tenemos muy buenos jóvenes acá. Yo creo que si a eso lo afianzamos con un programa importante dentro del país, donde realmente apuntaría al hecho que tanto nos hace falta, que es el de trabajar con hombres altos, estamos por buen camino. Yo no se si saldrán Ginóbili, Nocioni, Scola, Oberto, Pepe Sánchez y esa camada de jóvenes; ojalá que pase, pero los nuevos tendrán sus cosas también así que esperemos que sigan desarrollándose, sigan amando el básquetbol y que tengamos una selección respetable en el mundo. Es muy difícil repetir lo que se ha logrado, lo sabemos perfectamente, pero tampoco es imposible. Ya el hecho de que Argentina se inserte dentro de un número de equipos respetables me parece que está bien.

Yendo a su etapa de técnico en la selección, en el 2001, que es el momento de despegue de esta generación, en el Premundial de Neuquén, ¿usted ya veía al equipo como para luego llegar a una final mundial y a un oro olímpico?

Yo creo que cada uno cobijaba dentro de sí e iba acuñando un sueño de poder hacer algo importante en el básquetbol. Yo creo que en ese 2001 éramos toda una incertidumbre. Se había ganado un Premundial invicto pero nos consideraban una suma de nombres propios que estaban queriendo asomar. Por fortuna esa suma de nombres propios se consolidó como un equipo, esa suma de partes permitió lograr lo que se logró y yo interiormente no es que hago mucha futurología pero me permito soñar con cosas importantes y dentro de mi ámbito y el de mis colaboradores trabajamos para eso, respetando el torneo que venía, viendo el grado de compromiso que existía de las partes, tratando de ir tomando determinaciones, que en esto es muy importante y haciéndose cargo de las circunstancias que se iban presentado y así se fue dando.

En el mundial 2002 se da la victoria ante el equipo de Estados Unidos con jugadores NBA contra los que hasta ese momento la mayoría de los equipos jugaban a no perder por mucho, ¿cómo fue la planificación de ese partido para salir a ganarlo?

El gran título previo a ese partido fue “los vamos a atacar en todos los sectores”. La idea era atacarlos defensiva y ofensivamente. Ese fue el gran título de la charla para jugarles a ellos, apostando a cosas que creíamos que nos iban a dar ventajas tanto ofensiva como defensivamente. Por fortuna dio resultado.

¿Qué faltó en esa final que se perdió ganando faltando tan poco que después estuvo en Atenas?

A veces puede ser deficiencia, porque hemos tirado tiros cómodos y no ejecutamos. Por ahí haber manejado el timing de juego pero, lo que yo siempre digo, Argentina jugó de una manera todo el Mundial, ¿iba a cambiar la forma de jugar los últimos dos minutos? Es muy difícil en el chip de los jugadores tirar para atrás todo lo que se hace. Creo que pasa fundamentalmente por ahí.

Después de perder la final hubo tristeza, ¿pero al otro día ya sintió orgullo por haber llegado a un lugar donde hacía 50 años que no llegaba el básquet argentino?

Creo que a nosotros nos quedó un sabor amargo. No puedo generalizar la respuesta pero creo que nos quedó un sabor amargo porque habíamos sido el equipo que mejor había jugado básquetbol, habíamos mostrado lo que era jugar como un equipo, con muchísima solidaridad, con entrega, muy inteligentes y sacrificados, y haberla perdido de la manera que la perdimos dolió y mucho. Lo que pasa es que a veces uno se olvida rápidamente; cuando tenés el paladar dulce de victorias te olvidás. Si hubiésemos firmado antes de salir para allá la medalla de plata todos hubiésemos estado felicísimos. El tema es Cómo se perdió, no con quién, no dónde, sino el Cómo. Pero creo que eso fue un elemento que a cada uno lo alimentó muchísimo para ir a Grecia.

Esa victoria en el primer partido de los Juegos Olímpicos ante Serbia, ¿en cuánto ayudó al conjunto?

Numéricamente ayudó a dos puntos pero ha sido un envión anímico muy grande y repito el término Cómo se ganó el partido. Creo que fue un estímulo muy grande pero si te ponés a analizar fríamente eran dos puntos.

¿Cuál fue la mayor virtud que tuvo el equipo en Grecia que le faltó en Indianápolis?

El grado de compromiso que hubo. En todo el proceso que a mi me tocó vivir hubo un altísimo grado de compromiso por parte de los jugadores y el cuerpo técnico. Muchísima solidaridad, un juego altruista por excelencia, donde muchos de ellos bajaron un poco el nivel en el que estaban acostumbrados a situarse para ponerse al servicio del equipo y creo que esa fue la gran virtud; también la gran inteligencia de un equipo, que es realmente conocer los medios que hay que usar para ganar algo en determinado momento. Ese grado de inteligencia lo tuvo este grupo de muchachos.

¿Y su mayor virtud cómo técnico en esa etapa?

Eso te lo tendrían que contestar los jugadores pero yo, entrenador de la Liga Nacional, ponerme al frente de tremendos jugadores, creo que la mayor virtud fue no haberles temido y pararme y decidir las cosas que yo creía. Creo que esa fue la mayor virtud: no temerle a la situación. Es más, si yo hubiese tenido una pizca de temor de pararme frente a ese grupo no tendría que haber estado ya que hubiera sudo un irrespetuoso con esa selección. Eso fue lo más importante y después indudablemente inculcar cosas que yo tengo como entrenador desde que empecé a dirigir mini-básquet: el respeto por el trabajo, los valores de la persona que trato de que se lleven a la hora de jugar, la disciplina, el sacrificio, la lucha, el tener placer por pasar, defender o recuperar un balón, hacer sentir feliz al compañero y eso yo creo que eso en las imágenes que uno ve después de tantos años queda evidenciado en actitudes.

¿Le dolieron las declaraciones de Walter Herrmann enojado por no haber jugado la final olímpica?

Es propio del ser humano. Yo lo entiendo, indudablemente. Las personas somos diferentes y sentimos diferente. A mi me apena de pronto que declare eso porque es poseedor de una medalla de oro, o sea, él en esas declaraciones antepone su nombre propio por encima de la medalla de oro argentina. Es una pena pero entiendo su reacción de haber querido estar. Diferente fue el caso de Leo Gutiérrez, con el que yo hablé y me dijo “yo estoy muy agradecido” pese a que jugó mucho menos que Herrmann en todo el proceso. Sin embargo era un agradecido de formar parte. Desgraciadamente en la Selección, al tener tantas luminarias, tantos nombres propios, pueden llegar a suceder este tipo de cosas. Pero a veces son reacciones lógicas de las personas, que a veces no se sienten consideradas, cuando de pronto sin la participación de este chico contra Grecia no hubiésemos pasado ni a la final, porque para mi el juego que hizo él fue desequilibrante para poder remontar un partido que teníamos muy muy mal.

¿Cómo se dio su salida de la Selección?

Yo no dejé la Selección. Se renueva el contrato. Pasa que había una cláusula de rescisión de contrato por una posibilidad del exterior y convengamos que el hecho deportivo está bárbaro, el lirismo, el romanticismo están bárbaros pero yo soy un profesional de esto, trabajo de esto e indudablemente había un aspecto económico que en relación con lo que eran un equipo y otro no condicen en absoluto entonces también tenía que mirar mi parte contractual. Y también otros desafíos, el básquet europeo para mí era un gran signo de pregunta, un gran interrogante; entonces la Confederación me ofrece una cláusula de rescisión si había una posibilidad, yo tomo ese contrato y aparece en ese momento Varese que quería un entrenador, y agarré y me fui a Varese.

Y qué es lo que todavía sueña con lograr como director técnico.

Mesura, más mesura. Eso fundamentalmente.

 
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