Existen algunas personas que por distintos motivos adelantan sus relojes entre 5 y 15 minutos. Consideran que hay algo en ellos mismos que no funciona al ritmo del huso horario compartido y mediante esta argucia -que logran olvidar- llegan o bien al horario pautado por los otros o un poco antes, como hacen aquellos que pueden mínimamente prever cuánto tardarán en llegar a equis lado, un rasgo más de la estética de la existencia
Este era el caso de Guido Arilla, un estudiante de Economía que dividía su tiempo entre las tareas administrativas, el básquet y el indie rock en su vertiente más sensible. Guido adelantaba el reloj sólo 5 minutos, un hábito que en su caso tiene una génesis específica: el terror a ser el último en llegar a cualquier lado y llevarse toda la atención de los presentes.
Este hábito de adelantamiento había hecho mella en su configuración mental y por lo tanto lo había trasladado a su desempeño en la cancha. Guido era el base de Juventud Unida de Flores, un modesto equipo que jugaba la liga interbarrial. Por su baja estatura y endeble físico, Guido estaba destinado a llevar la base del equipo. Al tener su centro gravitacional tan bajo, poseía una gran estabilidad de desplazamientos y una gran velocidad.
Así como en su vida, su juego se veía afectado por esta condición de adelantamiento. Podía ver cada jugada antes que sucediera, cada hueco por donde podría ir el balón él lo veía entre 5 y 15 segundos antes que se produjera. Le había llevado mucho tiempo coordinar con su equipo, porque lo que ahora era una virtud había comenzado siendo una característica que lo distinguía tanto que el entrenador había pensado en mandarlo al neurólogo. Daba pases a un jugador que no había siquiera cruzado la mitad de cancha, pedía el bloqueo a un contrario, se quejaba ante el árbitro antes que éste haya pitado el silbato.
La sincronización fue lograda gracias al gentil esfuerzo de sus compañeros, que entendieron que tenían en Guido al jugador desequilibrante. Sólo tenían que ubicarse y coordinar cualquier jugada preestablecida que él les haría llegar el balón antes que nadie pudiera notarlo. Sabemos que 5 segundos es mucho en básquet.
Aquella tarde el calor era agobiante, el techo de chapa calentaba aún más el parquet donado por el corralón más importante de la zona. En la tribuna había algunos familiares, gente del club, algunos amigos y Celeste, la ex novia de Guido, que desfachatadamente había ido a verlo a jugar. Pero no sólo eso, Guido, que la conocía bien, se percató del notorio aumento en su blusa. Se ve que finalmente su padre accedió al canje viaje de egresados por operación.
Su corazón comenzó a acelerarse, el tiempo corría en su flecha hacia delante y el lo hacía aún más, dejando a sus compañeros muy atrás en cada jugada, desorientándolos tras cada indicación. Sus ojos no podían mirar la cancha, se hundían en el escote y él se preguntaba por qué la había dejado, por qué se había ido antes de tiempo si él la quería un poco y al fin de cuentas el amor no lo es todo.
Lisandro Capdevila
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