Anécdotas
 
 
 
Miguel Zandomeni rememora su carrera desde el nacimiento de la Liga
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Ficha técnica

Nombre y apellido
Miguel Zandomeni.

Lugar y fecha de nacimiento
Paraná (Entre Ríos), el 15 de noviembre de 1967.

Posición
Alero.

Trayectoria

Miguel Zandomeni jugó en la Liga Nacional desde sus inicios. Ascendió a la A con Echagüe de Paraná en 1985 y a partir de ese momento forjó una carrera profesional que lo llevó las casacas de Olímpico de La Banda, Olimpia de Venado Tuerto, Luz y Fuerza de Posadas y Ben Hur de Rafaela, entre otros. Actualmente trabaja en el club San Juan de Encarnación de Paraguay y también se desempeña como asistente técnico de Jorge Cortés en el Sacachispas de la Liga Nacional paraguaya.

 


Los primeros años de la Liga me agarraron siendo juvenil y no me imaginé en esa época que iba a terminar viviendo del básquet como profesional. En Paraná fue un cambio muy grande para mí, de jugar el torneo local se pasó a jugar con americanos y recuerdo que yo no quería irme de mi club, Paraná Rowing Club, porque en Echagüe le pagaban a los jugadores.

La organización de la Liga mejoró mucho, la organización interna de los clubes mejoró amoldándose a los progresos de la Liga y los estadios no son los mismos. Muy pocos equipos sobrevivieron desde los comienzos de la Liga, la mayoría son nuevos y con mayor seguridad para los jugadores y árbitros. Antes los aros no eran rebatibles, los americanos rompían muchos cristales, los tableros de cristal eran más grandes y si el estadio estaba lleno tenías a la gente al lado tuyo y no sabías cómo salías de la cancha.

Como compañeros americanos te puedo citar a Charles Parker, Donald Jones y a Jerome Mincy como excelentes personas y profesionales y entre los nacionales tuve la suerte de jugar con el Chuzo González, Caco Colla, entre otros, pero el Puma Montecchia ha sido algo extraordinario.

Anécdotas con los americanos recuerdo algunas, por ejemplo Charles Parker era un tremendo jugador de truco era muy complicado ganarle en los viajes, así como tenerlo sobrio a Glen Shudop era un milagro o con Dennis Still era imposible dormir a la vuelta de los viajes ya que iba y venía de su asiento en el fondo; en el trayecto partía todas nuestras piernas pero andá a decirle algo a semejante mole.

Recuerdo que hubo una época que con Echagüe viajábamos a todos los partidos en un  avión que era para 14 pasajeros. En el primer vuelo que hicimos nos agarra un frente de tormenta y comenzamos a caer en picada hasta que pasamos por debajo de la tormenta;  imaginate nuestras caras y las de los americanos: estaban blancos, Mel Daniels se quería bajar del avión como sea. Otras veces no podíamos aterrizar porque había niebla y no había más combustible y teníamos que aterrizar como sea, o una vuelta íbamos a despegar, al avión se le quedó frenada una rueda y quedamos dando vueltas en el mismo lugar, otra vez estábamos por despegar y comenzó a salir humo de uno de los motores y se bajó el mecánico, levantó una tapa del motor, tocó una cosa cinco minutos y dijo “listo, vamos nomás”, nuestras caras no eran de mucha confianza y había que despegar porque salíamos el mismo día del partido. Con o sin lluvia eran un parto esos viajes.

El día más feliz de mi vida no me lo puedo olvidar porque tenía 19 años y fue uno de los primeros minutos de partido de Liga que tenía: jugábamos Caja Popular de Tucumán de local en Echagüe, recupero una pelota solo y me encuentro con el americano de ellos parado debajo del aro para pegarme un gorro de aquellos, pero tuve la reacción de volcarla y lo logré sacando un doble y foul
. A esa edad fue para mí algo inolvidable.

Los clásicos entre Tomás de Rocamora, Sportivo San Salvador y Echagüe eran espectaculares, tan llenos de gente que en varios partidos las tribunas se fueron abajo de la cantidad de público que había. Recuerdo un clásico entre Unión de Santa Fe y Echagüe que entró la hinchada de fútbol de Unión con cadenas y comenzaron a pegarle a la gente en pleno partido, la gente pasaba corriendo por la cancha hasta que se suspendió el encuentro. Otro complicado fue un playoff contra Olimpo de Bahía Blanca, cuando Scolari y Allende se subieron a la tribuna a pelear con la gente y afuera,  cuando terminó el partido, le pegaron al Loco Montenegro; imaginate cómo fue la revancha en Bahía jaja. Y cuando jugué para Belgrano de San Nicolás el clásico contra Regatas la pregunta era cómo salir de ahí y si salías, ahí sí sentí temor.

Podemos diferenciar a los clubes por su condición económica porque en la mayoría de los lugares donde estuve me trataron muy bien, salvo Echagüe y Luz y Fuerza que fueron un desastre en lo económico, y en todas las ciudades conocí a muchos amigos, pero el mejor club en lo económico fue Ben Hur de Rafaela y la mejor ciudad, sin dudas, fue Venado Tuerto por la calidez de su gente.

No se si es una anécdota pero cómo cambian los tiempos y las actitudes de los jugadores también. Recuerdo que a Carmelo Cholo Mendoza en 1985 le abrieron la frente de un codazo, le provocaron una herida muy grande y le pidió a un médico que se acercó a colaborar que le cosa con cualquier aguja de coser porque quería seguir jugando como sea y así fue; todavía La Gotita no se usaba en esa época.

 
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