Cuando, con el plantel de Belgrano, nos dirigíamos a la cancha para jugar el tercer juego de la final del TNA, en Rosario contra Newell’s Old Boys, hice parar el colectivo sobre Boulevard Oroño, bajé a una librería y compré algo que nadie sabía qué era, pero que llenó de curiosidad, incluso a quienes transmitían el juego por TV, que insistentemente enfocaban mi bolsillo diciendo que allí había una sorpresa. Bueno, lo que había comprado era una trincheta para cortar las redes, cosa que los jugadores al suspenderse el juego para el día siguiente sabían y gracias a Dios no me la hicieron comprar en vano.
Otra: había llegado Greg "Cadillac" Anderson a Belgrano, con 13 temporadas en la NBA. Imaginarse eso para nosotros era raro.
Por las reformas en el Fortunato Bonelli, entrenábamos "donde podíamos". Su primer día vamos a entrenar al gimnasio del Automóvil Club, el que te detallo rápidamente. Techo de chapa, de no más de 6 metros de altura. Piso de madera, pero en varios lugares roto, por lo cual había que poner una silla o quedarse parado, entrenador o asistente, para que nadie caiga en un "pozo". Pleno verano, ponías un bife en el suelo y en 5 minutos estaba listo, y muchas cosas más, obvio, de mal gusto. Y yo le digo, "este es nuestro ESTADIO". Bueno, deberían haber estado allí para ver la cara de ese pobre muchacho, aunque, muy profesional como luego demostró ser, y más allá de un gesto de resignación, dijo “bueno” y siguió adelante.
Con Andino de La Rioja podría contarte muchas, pero te cuento sólo una que pinta de cuerpo entero lo vivido allí. Vamos a jugar con Obras a Buenos Aires y el gran Palazzi le da un dinero al chofer y le dice, como siempre, “luego les deposito el resto”. Conclusión, el juego era a las 21 horas y eran 20:30 y con Picana Rodríguez, mi asistente, andábamos detrás del presidente de Obras para pedirle que nos preste 1000 pesos creo para el gas oil, porque con lo que había, no llegábamos (yo ya había tenido experiencia de pagar cosas y nunca me las había devuelto, como un pasaje Nueva York Buenos Aires – Nueva York para Phil Grant que aún espero cobrar), por lo cual ya no quería, como nadie del equipo, poner ni un centavo. Bueno, el tema era que de Buenos Aires a La Rioja no es un camino corto y no había un peso para comer nada. Entonces llamo a mi esposa y le digo "preparate unos sándwiches de milanesas, unas gaseosas que, cuando pasamos los buscamos así comemos algo en el camino". Allí fue mi esposa a comprar, a preparar y tipo 4 de la mañana, recuerdo que llovía como si fuese la última vez, entramos a San Nicolás, y retiramos "la vianda". Luego, cuando renuncié a Andino por falta de pago y por todas estas cosas, tuve que leer que Italo Palazzi declaraba en el diario que Daniel Maffei no se había puesto la camiseta de Andino. Allí sí que hay para un libro, o mejor dicho, para una enciclopedia, pero creo que esto es como dice el refrán: “para muestra, basta un botón”.
Mi primer contacto con el mundo árabe fue recién llegado a Marruecos donde me encontraba con el equipo de Arabia Saudi para un torneo, la Copa de Arabia. Luego de los saludos de rigor, reunido con el manager, este usaba mucho una palabra en inglés, que es el idioma que se maneja, que yo no entendía, pero, para no pasar como un salame, uno se hace el que sí entiende. Repetía permanentemente, fonéticamente hablando, “blai” y “blazer”. Cuando volví a mi habitación, computadora de por medio y con todos los traductores que existen en internet, no pude descifrar qué era. Sin contarles todo, les diré el final, porque sería muy largo que les diga todo lo que imaginaba y trataba de asociar sin resultado. "Blai", era al final "play", y "blaier", era "player". Allí usan la b y p como la misma cosa, al punto que un jugador mío, de nombre Priest, en su camiseta se lo habían puesto Briest, y el tipo se quería morir... de la risa.
Otra de allí fue, en uno de mis primeros juegos, en la charla del entretiempo, un par de jugadores no estaban. Bueno, esperé un poco y como el capitán me daba el OK, arranqué.
Al rato, uno me dice algo en araglish y sale (algo como permiso), luego otro y así varios que se me iban. Yo pensaba "qué habré dicho, se ofendieron". No podrán imaginar todas las cosas que se te pasan por la cabeza. Cuando salgo veo en la cancha, toda la cancha, una alfombra gigante y como 500 tipos arrodillados rezando, entre ellos, obviamente, mis jugadores. Es que justo coincidió el llamado a rezar durante el entretiempo y ahí se para todo, y para ellos, puede estar hablando Phil Jackson que lo mas importante es ir a rezar. La verdad, sentí un alivio inmenso. Luego me explicaron lo que debería haber hecho antes así me ahorraba el disgusto.
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